martes, 21 de diciembre de 2010

La mar donde desembocan todos los afluentes



6 al 12 de diciembre



Por la vulnerable ventana de la sensibilidad de mi espíritu puedo ver pasando a otros cuerpos que me pidieron socorro con los ojos más verdes para que los dejara entrar en mi glosa.

Aunque ya hace un mes que no te oigo, mi corazón aún no ha entrado en la desesperación. Pero sí quisiera escribir un poemario de mil versos que tuvieran tu nombre, para al fin agotarme de pensarte. Es difícil pensar en lo que comeré, o lo que necesito hacer mañana… Pues así como todos los caminos de Salamanca caen por fin en alguna parte del Tormes, pues así todos mis pensamientos desembocan involuntariamente en algún recuerdo de ti. Por tercera vez en esta historia nos hemos separado. Gracias al Cielo esta vez al partir no estábamos enfados. Y hoy el rencor no llena tus ausencias.

Las peculiaridades que pueden llegar a tener los enamoramientos son muy difíciles de explicar. Ellas pueden ir desde la memoria de seis acordes que se recuerdan en una misma secuencia de arpegio a lo largo de todo un día. No tengo miedo de perderte ni me desespero como antes al tú faltarme. Aunque la lejanía no me parezca digna de los romanticismos que practicaban Hamlet o David Lebón, que dejaba notitas desparramadas por toda la casa para que las encuentre Pata Villanueva. Personas que me rodean y hasta la cómica Valentina sufren de alguna insolencia menor que les escupo, pues la verdad que la paciencia la gasto toda esperándote a ti. Una carta que despide de Salamanca con dirección a Alcalá, o un proyecto atascado en el insistente trompicón de tu recuerdo…

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